La gente tiene razón: El 99% de las inmobiliarias son inútiles. (Y vender por su cuenta es un suicidio financiero)
Lo sé.
La gente está harta.
Harta de comerciales con corbata de poliéster que les prometen vender su casa en dos días por un precio inflado, solo para conseguir su firma en la exclusiva.
A las dos semanas, les llamarán llorando:
El mercado está mal, tenemos que bajar el precio.
Mentira. El mercado está bien.
Su estrategia era basura.
La reacción lógica:
Lo vendo yo.
Sacan el móvil, hacen cuatro fotos oscuras, ponen el precio que soñaron anoche (basado en lo que pide su vecino, que lleva un año sin vender) y escriben en mayúsculas: ABSTENERSE AGENCIAS.
Resultado: Bienvenido al infierno del Turismo Inmobiliario. Tiene que prepararse para perder sus tardes enseñando el salón a curiosos que no tienen ni la hipoteca preconcedida, pero que critican el color de su sofá.
Yo no juego a eso.
Soy Ignacio Mongiano.
Y tengo una mala noticia para los comerciales de tu zona:
No solo soy vendedor.
Soy un Arquitecto, uno que se graduó en Buenos Aires y ahora vende casas en Málaga.
¿La diferencia?
Es abismal.
Donde un agente ve un salón muy cuco, yo veo muros de carga y distribución.
Donde ellos ven mucha luz, yo veo orientación térmica y eficiencia energética.
Donde ellos te venden humo y adjetivos bonitos, yo vendo certeza técnica y legal.
Si quieres un amigo que te diga lo bonita que es tu casa, llama a una franquicia.
Si quieres un técnico que defienda tu patrimonio con argumentos que nadie más tiene, aquí estoy.
Actualmente, tienes 3 caminos para soltar ese ladrillo y convertirlo en euros (en dos de ellos acabas palmando pasta).
1. EL HÉROE TRÁGICO (Venderlo tú mismo)
Fotos oscuras con el móvil, precio basado en la fe y un cartel de Se Vende comprado en los chinos.
Tu realidad: Te conviertes en el recepcionista gratuito de tu propia pesadilla.
Pasas meses filtrando llamadas de agencias pesadas y enseñando el baño a curiosos que se aburren los domingos.
Resultado: Tu anuncio se hunde hasta la página 50 de Idealista.
Acabas malvendiendo por puro agotamiento mental. La comisión que te ahorraste la pierdes en la rebaja final.
2. LA SUBASTA DE LA DESESPERACIÓN (Dárselo a todos)
Le das las llaves a 5 inmobiliarias sin exclusiva.
Cuantos más, mejor, piensas.
Error de principiante.
Tu casa aparece repetida 5 veces, con precios distintos y fotos robadas. Hueles a desesperación. Y el mercado lo huele.
Las agencias no colaboran; compiten.
Compiten por ver quién te convence antes de que bajes el precio para llevarse su comisión rápida.
Resultado: Has convertido tu patrimonio en un saldo de mercadillo. Estás ayudando al comprador a reventarte el precio.
3. LA ESTRATEGIA DEL ARQUITECTO (La mía)
Trabajar con UN profesional.
Pero uno de verdad.
Yo no tengo un escaparate lleno de fotos amarillentas por el sol. No colecciono pisos como cromos.
Trabajo con muy pocas propiedades.
¿Por qué?
Porque soy Arquitecto, no un enseñapisos.
Cada casa necesita una auditoría técnica, una estrategia legal y una defensa del precio quirúrgica.
Eso requiere tiempo y obsesión.
Si tengo 50 pisos, no puedo defender el tuyo.
Si tengo 5, lo defiendo a muerte.
Lee esto antes de escribirme.
Mi tiempo al igual que el tuyo es limitado y mi paciencia también.
La confianza aquí es binaria: O confías al 100% o no trabajamos. No hay términos medios.
NO me escribas si:
SÍ hablemos si:
Prefieres una verdad incómoda a una mentira dulce.
Quieres vender al precio máximo posible, no al primero que oferte.
Quieres vender tomando decisiones informadas.
Si buscas a un amigo, compra un perro.
Si buscas vender sin perder dinero por el camino, atiende esto último.