Guasa Inmobiliaria
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Me llamo Ignacio Mongiano.
No tengo un propósito místico en el mundo del ladrillo.
Me dedico a vender casas en Málaga para que sus dueños ganen dinero y no pierdan el tiempo.
Ese es mi trabajo.
Punto.
Te cuento esto porque la semana pasada perdí una buena comisión.
Un propietario me llamó para vender su piso.
Fui a verle.
Estuvimos charlando y, cuando llegó la hora de hablar de números, me soltó el precio.
Un precio fijado exclusivamente desde la ignorancia y la soberbia.
Le dije que no.
Lo mandé a paseo.
No lo hice por ir de sobrado, sino porque me niego a participar en la mayor ilusión óptica de esta ciudad.
Verás, en mi casa las noches son un caos.
Tengo un niño pequeño con el sueño muy irregular.
Mi mujer vive en alerta máxima y se levanta tres o cuatro veces de madrugada.
Yo, sin embargo, tengo el sueño de una piedra.
A veces, un ruido fuerte en la calle me despierta.
Abro los ojos, miro a mi lado en la penumbra y los veo a los dos durmiendo plácidamente.
Respirando despacio.
Si alguien me preguntara en ese preciso segundo, le diría que en mi casa se descansa del tirón.
Que todo es paz.
Pero es mentira.
Es solo una escena aislada que oculta una noche de mierda.
Por la mañana, viendo las ojeras de mi mujer frente al café, la realidad te da una bofetada.
El mercado inmobiliario en Málaga funciona exactamente igual.
La gente vive viendo ilusiones ópticas y creyéndose que son reales.
Tú te metes en Idealista, ves que tu vecino ha puesto su piso a 650.000€ y piensas que el tuyo vale 670.000€.
Ficción pura.
Esos precios no son lo que se firma en la notaría.
Son solo la lista de los Reyes Magos de dueños que se van a tirar un año con el cartel colgado.
Pero la peor ilusión de todas ocurre cuando abres la puerta a la típica agencia coleccionista de cromos (esa con 400 pisos en el escaparate) y te dicen sin parpadear:
—Tenemos compradores para tu casa.
Mentira.
No tienen a nadie.
Solo quieren usar tu piso como cebo para que les llame gente y encasquetarles otro.
Quieren tu firma para hacer bulto.
Llegados a este punto, te hago una pregunta de sentido común:
¿Quieres un agente que te ría las gracias, ponga un anuncio y te haga perder tardes enteras enseñando tu casa a turistas inmobiliarios?
¿O quieres a alguien que le diga la verdad al mercado, filtre a los mirones y busque a quien de verdad tiene el dinero en el banco?
Los gurús del marketing dicen que ahora debería pedirte por favor que te suscribas a mi lista. Paso.
Escribo un par de emails a la semana.
Cuento verdades incómodas sobre cómo se vende una casa de verdad en esta ciudad.
Sin adornos.
Sin fotos de relleno.
A la gente sensata le gusta y saca ideas que valen miles de euros.
A los arrogantes les ofende.
Si te gusta vivir en el mundo real, deja tu correo luego de la postada un poco más abajo:
Si a los tres días ves que mi estilo directo te molesta o no te encaja, te das de baja.
Es gratis.
Y todos seguimos durmiendo tranquilos.
P.D.: Mi tiempo vale exactamente lo mismo que el tuyo. Si lo que buscas es una agencia tradicional que te dore la píldora para engrosar su catálogo y dejar tu piso morir de asco en internet, la calle está llena de ellas.
P.D.2: Vender un piso requiere trabajo de francotirador, no tirar una red a ver qué cae. Si prefieres resultados en lugar de excusas, abajo tienes el hueco para tu email.