Ayer vi a tres tíos intentando invitar a la misma chica a una copa, al mismo tiempo, en un bar del centro de Málaga.
Se pisaban las frases, sudaban y se miraban con mala cara.
¿Qué hizo ella?
Ignorarlos, así sin más. Ese tufo a necesidad genera un rechazo fulminante.
Es exactamente la misma cara que se le queda a un comprador con solvencia cuando ve tu piso anunciado por cinco inmobiliarias distintas en internet.
A veces con peores fotos, a veces con textos mediocres, y lo que es peor... a veces con precios diferentes.
Muchos propietarios piensan:
«Si se lo doy a varias agencias, llego a más gente y lo vendo antes».
Y están en su derecho de jugar a la lotería.
Pero el comprador serio no ve a un lince de los negocios; ve a alguien desesperado por sacarse un inmueble de encima. Y huele la sangre para pedir rebajas.
Por eso yo no juego a las carreras con otras agencias.
Solo trabajo con propietarios que entienden que vender bien una casa requiere un único estratega que defienda el precio a cara de perro, no cinco comerciales asustados rogando que bajes el precio para cobrar ellos primero.
No trabajo con cualquiera. Ni taso pisos por encima de su valor para masajear egos.
Si quieres que hablemos de tu casa, primero te suscribes. Escribo correos contando las verdades incómodas del sector que los demás te ocultan por miedo a perder tu encargo.
Si valoras tu patrimonio, te apuntas abajo. Si te ofendes cuando te dicen las cosas claras, es mejor que llames a las cinco agencias de siempre.